viernes, 22 de noviembre de 2019

Pichiflush, somos pequeñas hormigas que sueñan con ser elefantes

Hoy he tenido que bajar a Madrid, me gusta bajar a Madrid, entiendanme, pero me gusta hacerlo los fines de semana cuando no hay mucha gente y con mi coche hasta cierto lugar y luego pasear por sus preciosas calles. Pero hoy no ha sido un día de esos, aunque no llevaba prisa me he dejado llevar por ese ambiente q inunda el metro entre semana y he empezado a caminar rápido, a subir las escaleras mecánicas a ritmo acelerado sin permitirles dejarme llevar por ellas. He llegado al sitio,he hecho mis gestiones y vuelta a casa. Sin mirar nada más, sin disfrutar de la Ribera de Curtidores sin los gritos y el jaleo del Rastro, tenía a un tiro de piedra Puerta de Toledo y llevaba la cámara, ¿por qué no aprovechar para hacer fotos de semejante monumento y lugar?. Pero no,a pesar de que el tiempo no me apremiaba y el sitio merecía ser contemplado he decidido volver deprisa y corriendo a casa,otra vez embaucada por el sentimiento de la prisa.

Una vez he llegado a Sol y me dirigía por las escaleras mecánicas a hacer el trasbordo lo he visto, veintena,treintena,cientos de personas de un lugar a otro,con paso ligero sin mirarse unos a otros,gente con cascos,móviles,maletines,libros,etc...entraban y salían de los pasillos sin chocarse, con una coordinación y sincronización divina,como pequeñas hormigas q conocen su labor y se guian de camino a su hormiguero, autómatas guiados por una sociedad que te dice como y que tienes que ser.

Anónimos todos,obedientes y siguiendo su camino se dirigen por los pasillos a su destino, siempre a paso ligero. Ninguna hormiga se diferencia de otra en su labor de recolectar alimento, pero, ¿qué pasa con esos seres que cuestionan su existencia, que ocurre con ellos?¿ Cómo pueden caer en el adoctrinamiento de esta sociedad tan manipuladora?

Los seres humanos, que hemos explorado el mundo, el espacio, la luna, el universo, ¿cómo es posible que nos tapemos los ojos con la venda de la rutina y vivamos sin más que aquello que nos presentan como pequeños dulces mágicos de felicidad eterna?

Viendo a todas esas personas dejándose llevar por la parte zombi de su cerebro, entendí, aunque sigo sin compartir, porque los libros de autoyuda y los "vende humo" triunfan tanto. Nuestra propia esencia inquieta, nuestro propio despertar de la conciencia nos pide que seamos diferente y son estos "gurús de la felicidad" los que nos permiten salirnos de la fila que nos guía durante nuestro día a día, nos hace convertirnos en el personaje a color en un mundo gris , al leerlos o al escucharlos de repente nos convertimos en  la canción alegre de la sonata monótona de nuestro día a día.

Pero cuando ese humo de felicidad desaparece, las hormigas vuelven a su labor, casi ninguna cambia de rumbo ni deja de transportar la semilla de su rutina. Solo el bolsillo de esos vendedores de felicidad efímera consigue el objetivo de incrementarse hasta el punto de que realmente ellos mismos cumplen lo que venden, encuentran la felicidad y consiguen cambiar su vida a mejor, pero para ello se aprovechan de pequeñas hormigas soñadoras que un día quisieron ser elefantes.

Siempre avanzando